viernes, 12 de julio de 2019

SIN RODEOS: El poder, el estilo y el ‘jaloneo’


Por Fernando Hernández Gómez
fdohernandezg@hotmail.com




Hay tratados que nos aproximan, nos hacen ver hasta cierto punto cómo actúan, qué motiva a los presidentes de una nación a tomar decisiones que en ocasiones nos parecen radicales, ilógicas, infundadas, descabelladas, o… acertadas, justas, oportunas e inteligentes.
Cada mandatario impone su estilo personal de gobernar, y a ello deben ajustarse y obedecer los miembros del equipo de colaboradores, conformado por íntimos –sus cercanos, leales y que gozan de todo su afecto y confianza–, antiguos compañeros, los recomendados por élites, los que llegaron por acuerdos políticos y quienes fueron convocados por méritos y trayectoria propia.
La renuncia de Carlos Urzúa Macías como titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) desató no sólo vaivenes en los mercados financieros sino también toda una polémica mediática, un debate intenso del que fue parte el propio Presidente Andrés Manuel López Obrador.
Conviene adentrarse a esa discusión porque resulta inédito que un mandatario mexicano se ponga a dar explicaciones –en lo inmediato y no en sus memorias– sobre lo que ocurre al interior de su gobierno, sobre los jaloneos motivados por diferencias de criterio e intereses particulares entre sus colaboradores.
Si sorprendió la dimisión de Urzúa a siete meses de iniciado el régimen morenista y que haya hecho pública –a través de Twitter– la carta en que revela discrepancias y mangoneos en la política hacendaria por parte de ‘personajes influyentes’ del círculo presidencial, también fue inesperada la reacción del jefe del Ejecutivo federal que un par de horas después nombró como relevo a Arturo Herrera Gutiérrez, que se desempeñaba como subsecretario de Hacienda.
A propósito de la ‘lapidaria carta’ con la que renunció Carlos Urzúa, el diario El País consideró que la respuesta del Presidente mexicano, insinuando falta de compromiso de Urzúa o sugiriendo que no es lo suficientemente de izquierda, pone de manifiesto el ‘personalismo’ del mandatario y aflora una de las grandes críticas que siempre le han hecho: “su baja disposición a la autocrítica y su alta exigencia de lealtad”.
Urzúa era la figura que atemperaba a los mercados y a los empresarios, aunque con los meses fue perdiendo influencia; la ascendencia sobre López Obrador es para Alfonso Romo, que funge como jefe de la Oficina de la Presidencia, esto es, uno de los pocos que le hablan al oído al Presidente, y las diferencias entre Urzúa y Romo se volvieron insalvables, como evidencia la carta, indica El País.
El Presidente de México ha demostrado a lo largo de su carrera política que si algo vale con él es la lealtad; al costo que sea, incluso el de perder una figura cercana, pragmática como Urzúa, anota el periódico madrileño.
Y concluye: El cisma abierto por la renuncia de Urzúa ha sido el más grande en los siete meses de mandato; todas las renuncias ponen en evidencia el ‘personalismo de López Obrador’, que ha optado por consolidar su círculo más próximo, sin importarle la estructura de los organismos del gabinete.
El analista geopolítico, Alfredo Jalife Rahme opinó que  la renuncia de Carlos Urzúa fue “ante todo un acto de deslealtad, descortesía, yo diría incluso de alta traición, porque se da en un contexto muy delicado, cuando se estaba escenificando el motín de la Policía Federal... cómo le renuncias a un presidente que te nombró cuando eres un don nadie; ya se sabe que choca con Poncho Romo, con el grupo del SAT, pero es de mal gusto renunciar en un tuit”.
La carta-renuncia fue una tormenta en un vaso de agua; al final del día, pudo haber sido muy grave, pero a López Obrador lo salvaron sus reflejos de beisbolista, porque lo agarraron desprevenido, y llamó a Arturo Herrera que estaba asustado. Contuvo la caída del peso, al grado que el peso está igual que ayer (martes 09). No pasó nada”.
Y abundó Jalife: “Ayer fue jonrón, porque luego vino el asunto de (Juan) Collado, que eso sí que va a marcar el cambio del curso de la justicia en México, porque le pegas al corazón de la mafia en el poder”.
Se ha mencionado que la detención de Collado es una ‘cortina de humo’ por el tema de Urzúa. –le preguntaron. Y responde:
“¿Es legítimo o no? El Presidente tiene que gobernar, tiene la legitimidad de operar contra quienes él crea que le están haciendo daño. Ahora, ¿puedes tener una justicia uniforme y meter a todos los ex presidentes a la cárcel? Pues no es factible. Primero tienen que cambiar la Constitución, porque son inimputables; es decir, no vas a meter a (Luis) Echeverría que está agónico a la cárcel; (Carlos) Salinas se fugó a Gran Bretaña; (Enrique) Peña Nieto ya se fugó a España. Saben lo que viene”. (Telerreportaje, 10Jul.2019)
Esta historia continuará, porque hay que meter a la vitrina de análisis la posición de Andrés Manuel López Obrador, un presidente que –dijimos líneas antes– ventila en público lo que sucede al interior de su gobierno y no lo deja a la imaginación colectiva, en el terreno de la especulación. Tema para otro análisis.

AL GRANO

DE LAS DECLARACIONES más valiosas –que no novedosas pues ya las ha externado antes– que hizo esta semana el gobernador Adán Augusto López Hernández, y tiene que ver con su formación de abogado y convicción con el imperio de la ley, fue la que se relaciona al desalojo de padres de familia que bloquearon la circulación vehicular en avenida Universidad, porque sus hijos no pasaron el examen de admisión… “Tiene que haber respeto al estado de derecho… No somos un gobierno represor, somos garantistas de los derechos de todos. Yo respeto que acudan a alguna instancia a presentar alguna queja,  pero debemos entender que hay que respetar la ley”… Hay que respetar los derechos de terceros, que somos los demás: usted, yo, todos…


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