Por Fernando Hernández Gómez
fdohernandezg@hotmail.com
Cada mandatario impone su estilo personal de gobernar, y a ello deben ajustarse y obedecer
los miembros del equipo de colaboradores, conformado por íntimos –sus cercanos, leales y que gozan de todo su
afecto y confianza–, antiguos compañeros, los recomendados por élites, los que
llegaron por acuerdos políticos y quienes fueron convocados por méritos y
trayectoria propia.
La renuncia de Carlos
Urzúa Macías como titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público
(SHCP) desató no sólo vaivenes en los
mercados financieros sino también toda una polémica mediática, un debate
intenso del que fue parte el propio Presidente Andrés Manuel López Obrador.
Conviene adentrarse a esa discusión porque resulta
inédito que un mandatario mexicano se ponga a dar explicaciones –en lo
inmediato y no en sus memorias– sobre
lo que ocurre al interior de su gobierno, sobre los jaloneos motivados por diferencias de criterio e intereses particulares
entre sus colaboradores.
Si sorprendió la dimisión de Urzúa a siete meses de
iniciado el régimen morenista y que
haya hecho pública –a través de Twitter–
la carta en que revela discrepancias y mangoneos
en la política hacendaria por parte de ‘personajes
influyentes’ del círculo presidencial,
también fue inesperada la reacción del jefe del Ejecutivo federal que un par de
horas después nombró como relevo a Arturo
Herrera Gutiérrez, que se desempeñaba como subsecretario de Hacienda.
A propósito de la ‘lapidaria carta’
con la que renunció Carlos Urzúa, el diario El
País consideró que la respuesta del Presidente mexicano, insinuando falta
de compromiso de Urzúa o sugiriendo que no es lo suficientemente de izquierda, pone
de manifiesto el ‘personalismo’ del mandatario y aflora una de las grandes
críticas que siempre le han hecho: “su baja disposición a la autocrítica y su
alta exigencia de lealtad”.
Urzúa era la figura que
atemperaba a los mercados y a los empresarios, aunque con los meses fue
perdiendo influencia; la ascendencia sobre López Obrador es para Alfonso Romo, que funge como jefe de la
Oficina de la Presidencia, esto es, uno de los pocos que le hablan al oído al Presidente, y las diferencias
entre Urzúa y Romo se volvieron insalvables, como evidencia la carta, indica El País.
El Presidente
de México ha demostrado a lo largo de su carrera política que si algo vale con
él es la lealtad; al costo que sea, incluso el de perder una figura cercana, pragmática
como Urzúa, anota el periódico madrileño.
Y concluye: El cisma
abierto por la renuncia de Urzúa ha sido el más grande en los siete meses de
mandato; todas las renuncias ponen en evidencia el ‘personalismo de López Obrador’,
que ha optado por consolidar su círculo más próximo, sin importarle la
estructura de los organismos del gabinete.
El analista geopolítico, Alfredo Jalife Rahme opinó que la renuncia de Carlos Urzúa fue “ante
todo un acto de deslealtad, descortesía, yo diría incluso de alta traición,
porque se da en un contexto muy delicado, cuando se estaba escenificando el motín
de la Policía Federal... cómo le renuncias a un presidente que te nombró cuando
eres un don nadie; ya se sabe que
choca con Poncho Romo, con el grupo del SAT, pero es de mal gusto
renunciar en un tuit”.
La carta-renuncia fue una
tormenta en un vaso de agua; al final
del día, pudo haber sido muy grave, pero a López Obrador lo salvaron sus reflejos de beisbolista, porque lo
agarraron desprevenido, y llamó a Arturo Herrera que estaba asustado. Contuvo
la caída del peso, al grado que el peso está igual que ayer (martes 09). No
pasó nada”.
Y abundó Jalife: “Ayer fue jonrón, porque luego
vino el asunto de (Juan) Collado, que eso sí que va a marcar el
cambio del curso de la justicia en México, porque le pegas al corazón de la mafia en el poder”.
–Se ha mencionado que la detención de Collado es una ‘cortina de humo’
por el tema de Urzúa. –le preguntaron. Y responde:
“¿Es legítimo o no? El Presidente
tiene que gobernar, tiene la legitimidad de operar contra quienes él crea que
le están haciendo daño. Ahora, ¿puedes tener una justicia uniforme y meter a
todos los ex presidentes a la cárcel? Pues no es factible. Primero tienen que
cambiar la Constitución, porque son inimputables; es decir, no vas a meter a (Luis) Echeverría que está agónico a la cárcel; (Carlos) Salinas se fugó a Gran Bretaña; (Enrique) Peña Nieto ya se fugó a
España. Saben lo que viene”. (Telerreportaje, 10Jul.2019)
Esta historia continuará, porque hay que
meter a la vitrina de análisis la posición de Andrés Manuel López Obrador, un
presidente que –dijimos líneas antes– ventila en público lo que sucede al
interior de su gobierno y no lo deja a la imaginación colectiva, en el terreno
de la especulación. Tema para otro análisis.
AL GRANO
DE LAS DECLARACIONES más valiosas –que no novedosas
pues ya las ha externado antes– que hizo esta semana el gobernador Adán Augusto López Hernández, y tiene
que ver con su formación de abogado y convicción con el imperio de la ley, fue
la que se relaciona al desalojo de padres de familia que bloquearon la
circulación vehicular en avenida Universidad, porque sus hijos no pasaron el examen de admisión… “Tiene
que haber respeto al estado de derecho… No somos un gobierno represor, somos
garantistas de los derechos de todos. Yo respeto que acudan a alguna instancia
a presentar alguna queja, pero debemos
entender que hay que respetar la ley”… Hay que respetar los derechos de terceros, que somos los
demás: usted, yo, todos…
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