Por Fernando Hernández Gómez
fdohernandezg@hotmail.com
“Honorable Congreso, pueblo de
México: Protesto
guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados
Unidos Mexicanos y…”.
A las 09:21 horas del sábado 1° de diciembre se
cristalizó una lucha de 30 años de la izquierda mexicana por sacar del poder a
un viejo régimen.
Andrés
Manuel López Obrador había
recibido del diputado federal morenista
Porfirio Muñoz Ledo –uno de los
precursores de ese movimiento– la banda presidencial que portaba y le entregó Enrique Peña Nieto.
Atrás quedaron las campañas presidenciales de 2006,
2012 y 2018. También, su participación en las contiendas de 1988 y 1994 por la
gubernatura de Tabasco –que nunca se le
hizo–. Y su lucha contra la mafia del
poder, a la que ya no aludió.
“Sí se pudo, sí se pudo...”, gritaban legisladores morenistas rompiendo la solemnidad.
Este sábado, su
día, en el Palacio Legislativo de San
Lázaro, López Obrador saludó de mano a su antecesor, el ‘licenciado’ Peña
Nieto –último representante de esa élite a la que combatió y arrebató el poder–,
a quien le reconoció no haber intervenido en la elección presidencial, como lo
hicieron otros presidentes. “Valoramos el que el Presidente en funciones
respete la voluntad del pueblo”, le expresó en el único elogio a su antecesor.
Vendría enseguida un severo enjuiciamiento al neoliberalismo. “La crisis de México se
originó no sólo por el fracaso del modelo económico neoliberal aplicado en los
últimos 36 años, sino también por el predominio en este periodo de la más
inmunda corrupción pública y privada”, sentenció.
Acusó a ese sistema
neoliberal de ser causante de todos
los males. “De 1983 a la fecha –resumió–, ha sido la (etapa) más ineficiente
en la historia moderna de México. En este tiempo la economía ha crecido en dos
por ciento anual, y tanto por ello como por la tremenda concentración del
ingreso en pocas manos, se ha empobrecido a la mayoría de la población hasta
llevarla a buscarse la vida en la informalidad, a emigrar masivamente del
territorio nacional o a tomar el camino de las conductas antisociales”.
Y marcó su
raya. “Por mandato del pueblo
iniciamos hoy la cuarta transformación
política de México… hoy comienza un cambio de régimen político”, enfatizó.
Frente a legisladores, dignatarios e invitados de
diversas latitudes del orbe, López Obrador sintetizó en ocho palabras el plan
del nuevo gobierno: acabar con la
corrupción y con la impunidad.
“El combate a la corrupción y la austeridad nos
permitirá liberar suficientes fondos, más de lo que imaginamos, mucho más, para
impulsar el desarrollo de México. Con esta fórmula sencilla de acabar con la
corrupción y de llevar a la práctica la austeridad republicana, no habrá
necesidad de incrementar impuestos en términos reales, y ese es un compromiso
que estoy haciendo, ni aumentarán los precios de los combustibles más allá de
la inflación”, expuso.
Puntualizó que “esta nueva etapa la vamos a
iniciar sin perseguir a nadie… no habría juzgados ni cárceles suficientes, y lo
más delicado, lo más serio, meteríamos al país en una dinámica de fractura,
conflicto y confrontación...”.
El nuevo Presidente le dijo a los mexicanos: “Me
comprometo a no robar y a no permitir que nadie se aproveche de su cargo o
posición para sustraer bienes del erario o hacer negocios al amparo del poder público.
Esto aplica para amigos, aplica para compañeros de lucha y familiares… vamos a
limpiar al gobierno de corrupción de arriba para abajo, como se limpian las
escaleras”.
Comprometió que desde ahora habrá un auténtico estado de derecho, y que el
Estado se ocupará de disminuir las desigualdades sociales.
Para callar
a quienes auguran que instaurará una nueva dictadura, estableció: “Bajo ninguna
circunstancia habré de reelegirme; por el contrario, me someteré a la
revocación del mandato…”.
Se definió ‘optimista’, tanto que, afirmó, “ya
vamos en el camino de lograr el renacimiento de México, nos vamos a convertir
en una potencia económica y en un país modelo...”. Empeñó en ello “mi honor y
mi palabra… Estoy preparado para no fallarle a mi pueblo”.
Y convirtió un episodio anecdótico del traslado de
su domicilio particular a San Lázaro,
en el titular de muchos diarios el domingo 2. “Ahora que venía para acá –narró–
se emparejó un joven en bicicleta y me dijo: ‘Tú no tienes derecho a fallarnos’.
Y ese es el compromiso que tengo con el pueblo: No tengo derecho a fallar”. No
puede fallar, porque juró guardar y hacer
guardar la Constitución.
Inicia así un nuevo
régimen, que lleva como gran compromiso erradicar el mal de males de este país: la corrupción. Cáncer que no pudieron o
no quisieron extirpar los panistas en sus dos periodos presidenciales. ¿Lo hará
Morena?
AL GRANO
EN SAN LÁZARO y ante miles en el Zócalo, el
Presidente López Obrador, incluyó en los 100 compromisos de su gobierno: el Tren Maya, la siembra de un millón de
hectáreas de árboles frutales y maderables en el sur-sureste, y la construcción
de una nueva refinería en Dos Bocas, para dejar de comprar la gasolina en el
extranjero… Tabasco está presente en sus compromisos…
HOMBRES
CON LUZ… Ha partido un gran amigo, Mario Ramírez Cárdenas… Estuvo apenas dos meses como regidor
en Centro… Quienes lo conocimos damos testimonio de su legado como hombre que
se acompañó siempre, practicó y compartió la Palabra; que fue un cultivador
de amistades, y que vivió sus 59 años exactos muy feliz, contagiando
alegría aun en momentos de gran dolor físico… Dios lo ha de compensar… Mi abrazo
fraterno a su esposa Martha y a sus
hijos Mario Néstor y Cristina…
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