Columna Mi Blog: Calcáneo: un tizón encendido
Fernando Hernández
Gómez
HOY SALÍ A reportear… Tomé mi pluma y esa libreta que ya
pocas veces me acompaña en estos tiempos tras 32 años en el oficio… Me alisté
para la misión periodística. Traté de
avispar mis sentidos. Iba a anotar
detalles. Buscaría recoger datos, expresiones para una nota de color… Iba a dar testimonio de lo que vería. Con lo que no
contaba es que también sería parte
del acontecimiento… EN LA ESPERA del momento llegó a mi mente un leve recuerdo,
muy reciente, algo que descubrieron los niños que la mañana del lunes 9 ya iban
camino a la escuela… Entre la oscuridad que no se iba y el amanecer que apenas
brotaba, entre la lluvia tenue y el sol que despertaba, esa mañana emergió un
arcoíris como preludio de que sería un gran
día… Y lo sería. Porque los días
grandes no sólo traen noticias buenas, por éxitos, triunfos o metas
alcanzadas. A veces llegan con terribles revelaciones, con tragedias que nos
sorprenden y golpean como rayos fulminantes nuestro ser, que nos doblan y a
veces derrumban, que sacan lágrimas de unos ojos que creen haber visto todo pero
a la hora de la hora nos muestran que
son tan sensibles y frágiles como el corazón… Y CUANDO PARECÍA que todo sería
un día más, el destino cruel hizo su aparición y llegó con un gran dolor, trajo
una profunda tristeza por lo que iba a depararnos y porque iba a recordarnos
que por mucha experiencia vivida, por muy fuertes que parezcamos... no somos nada… Y fue un día que se
prolongó más de 72 horas después de aquel arcoíris que ya no supe qué se hizo y
de aquella noticia demoledora… Y CASI AL final de ese largo día que empezó el lunes
9 de septiembre y cerró este miércoles 11, la familia periodística de Tabasco se congregó afuera de las instalaciones
del Diario de la Tarde, y no hubo
quien no llegara con un nudo en la
garganta o con lágrimas que chorreaban de ojos que nunca reflejan fortaleza
porque son los primeros que asuman nuestra debilidad, o con un llanto que en algunos
salió como grito y en otros con saliva que se tragaba, para despedir al amigo,
al compañero, al hermano José Antonio
Calcáneo Collado... que no queremos que se vaya… FUE UNA CEREMONIA emotiva,
bellísima. Y aunque su cuerpo inerte estaba ahí, era su alma la que nos
observaba por ese cristal polarizado del ventanal que da a la calle José Moreno Irabien, desde su despacho
de tantos recuerdos del periódico que fundó el 7 de junio de 1990 y que dirigió
más de 23 años… Y estábamos ahí para lamentar su ausencia física, viva, pero
también para marcar el inicio de una nueva era con su recuerdo imperecedero, con
su presencia imborrable en nuestras memorias y corazones, como lo merece un
hombre grande, enorme, generoso, que más que grandes riquezas materiales fruto
de su esfuerzo cotidiano, cosechó amistades dentro y fuera de Tabasco… EL
SACERDOTE ÁNGEL Mario Velázquez se
encargó de recordarnos nuestra existencia pasajera en este mundo… “Todos
estamos de paso…”, reflexionó apenas dio lectura al Evangelio según san Juan, en su capítulo 14 en que Jesús nos llama a creer en Dios y en Él
como único camino que lleva al Creador, que acoge en su reino a todos los que
creen, a los hombres de fe, de buena voluntad… “No se turben; crean en Dios y
crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. De no ser así, no les habría dicho que voy a
prepararles un lugar. Y después de ir y prepararles un lugar, volveré para
tomarlos conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Para ir a
donde yo voy, ustedes ya conocen el camino”, reza el texto bíblico… VIO EL
FERÉTRO del comunicador tabasqueño que fue presidente de la Federación de
Asociaciones de Periodistas Mexicanos (Fapermex) y miembro de la Comisión de
Investigación de Atentados a Periodistas de la Federación Latinoamericana de
Periodistas (Felap), y expresó: “Hoy le decimos hasta luego, porque vamos a
vernos luego, con Dios, Papá Dios”… Y después alzó su vista un poco más allá
del edificio que alberga a Diario de la
Tarde, la dirigió hacia el Santuario de Nuestra
Señora de Guadalupe, y externó una plegaria: “Le pido a la Lupita que
extienda su manto hasta este periódico, hasta este ataúd”… Y pidió a los
presentes unirse en oración para que en el momento del juicio, Jesús sea misericordioso con Toño Calcáneo y le permita por siempre disfrutar de la gloria
eterna… LO QUE SIGUIÓ fue tan emotivo como triste… Las lágrimas se derramaron,
arrancadas por la voz de Chema que entonó al ritmo de su
teclado y acompañado por violín: Cuando
un amigo se va, de Alberto Cortez…
“Cuando un amigo se va/ queda un tizón encendido/ que no se puede apagar/ ni
con las aguas de un río”… NO PODÍA FALTAR en este homenaje el presidente
fundador de Fapermex, Teodoro Rentería
Arróyave, amigo, consejero e impulsor de Calcáneo Collado, ese señor del
periodismo mexicano por el que un día –y hoy lo recordó– el periodista
tabasqueño Enrique Muñoz González,
le reclamó a Toño: “¡Qué carajos te
da Teodoro! Y me decía: ‘No, compadre, vas a aprender a querer a ese viejo’. Y,
sí, ¡le quiero, Teodoro!”… Y SE ESCUCHÓ la voz quebrada, triste, paternal de
Teodoro Rentería, que decía de Calca:
“Quiero recordarlo como padre proveedor, por las luchas gremiales, como un
hombre luchador por la profesionalización de los periodistas”… Y destacaba de
quien fue su compañero de aventura por toda la República y los cinco
continentes: “No era hombre de los que hablaba para que otros hicieran las
cosas. Puso el ejemplo. Firmó convenio con la Universidad Autónoma de Chihuahua
y se tituló en la quinta generación” como licenciado en periodismo… Y AGREGABA:
“QUIERO recordarlo como aquel que consiguió una máquina de segunda mano, la trajo de Estados Unidos y prácticamente con sus
manos la fue armando, tornillo por tornillo” para Diario de la Tarde se imprimiera a color… Y proseguía don Teodoro:
“Quiero recordarlo en la entereza de su enfermedad, hasta el último momento…
desgraciadamente es una enfermedad traidora y la resistencia humana tiene un
límite. Y ese límite llegó en José Antonio Calcáneo”… Y remató: “José Antonio
Calcáneo no es de los que mueren; está en la eternidad de todos los que lo
conocimos”… A MUCHOS SORPRENDIÓ la entereza con que su hijo Marco Antonio Calcáneo García, a nombre
de su mamá Lenchy, de su hermana
Lorena y como nueva cabeza de la familia Calcáneo García, habló ante los
cientos de asistentes… Y ponderaba a su papá como “un incansable cosechador de
amistades”… Y lo definía como un hombre que, a pesar de sus padecimientos,
vivió a plenitud… Mi padre vivió su vida de la ‘a’ a la ‘z’. Estaba realizado.
Logró el éxito profesional”… LA VOZ DE Toño
Jr se escuchó con firmeza. No sé cuánto dolor soportaba al hablar ante el
público, pero creo que lo animaba el espíritu de su papá para que comprometiera
que su legado: su trayectoria de luchador incansable e intachable, y su
herencia material: el Diario de la Tarde,
no serían en vano… “Esto no termina aquí. El legado que nos deja, lo llevo en
el corazón, en la mente y el ímpetu que va a hacer que la familia Diario de la Tarde siga creciendo”,
afirmó con toda contundencia… Y selló ese compromiso ante el cuerpo en que moró
su padre durante 58 años: “Padre, me empeñaré en mente, cuerpo y alma para
seguir en este proyecto”… Y HABLARÍAN TAMBIÉN Yogui Montero, el jefe de información del vespertino… La amiga de
toda la vida de Toño Calcáneo: Martha Osorio, habló con el corazón
porque su boca no podía hacerlo por el dolor: “Flaco, siempre serás nuestro
hermano”, le exclamó… Y también hicieron uso de la voz otros amigos comunicadores
de Calcáneo, que se dejaron venir de Guerrero, de Chiapas, del Distrito
Federal… Lo hizo también su asesor Rubén
Arceo… Y el columnista de Rumbo Nuevo,
Enrique Muñoz quien retomó las palabras del hijo del homenajeado: “Dice Toño Jr que ‘hay que estar alegres’… Yo,
la verdad, no puedo”… Y cerró las intervenciones otro gran amigo suyo, Miguel González Alonso, periodista
chiapaneco, quien lo definió como “un maestro de la amistad”… Y dejó una frase
que subraya la vigencia del noble oficio que ejerció Calcáneo Collado por tres
décadas: “El ejercicio del poder tiene fecha de caducidad, la profesión del
periodismo no”… EL PADRE DENIS Ochoa
Vidal ofició con palabras que fueron bálsamo
para los dolientes, para parientes y amigos… Y los mariachis que nunca faltan en las despedidas, sacaron las pocas
lágrimas que quedaban en las reservas de dolor y tristeza… Primero con A mi manera, que todos corearon… Y
cuando vino la despedida con ese Adiós
muchachos compañeros de mi vida…, que provocó que todo mundo rompiera en
llantos… Y después los restos de José Antonio Calcáneo partieron hacia el lugar
donde se cumpliría su última voluntad: que su cuerpo fuera cremado… Y HOY,
ANTES de retirarme del lugar, me detuve un instante a la puerta de ese edificio
que erigió Toño Calcáneo con sudor y
tesón, con trabajo intenso y perseverancia, pero no me asomé al interior a ver
si allí estaba gritándole a sus trabajadores que se apuren porque hay que ‘cerrar
edición’, tampoco mi vista siguió la carroza que se perdió en el
congestionamiento vehicular... Mis ojos voltearon y dirigieron su objetivo a la
cúpula que está enfrente del Diario de la
Tarde, allí donde está la imagen mexicana de esa Señora que muchos adoptamos como Madre, y a ella le digo: “Ruega por él y por nosotros los
pecadores...”. P.D. CALCA, TU amigo Alfredo Camacho Lara te dedica estas
líneas: ¿Sabes qué le pedí a Dios? ¡Que
te cuidara! Él sonrió y me mostró sus manos, las cuales tenía cerradas. Y me
mostró que dentro de ellas, ¡estabas tú! Me volvió a sonreír y me dijo: “Qué
crees que le pueda pasar, si siempre está en mis manos?”. Le dije: “Gracias,
Señor, porque esa persona que tienes entre tus manos es muy especial para mí”...
Él me miro y dulcemente me dijo: “Si para ti es especial, imagínate para mí que
soy su Padre”… Buenas tardes.
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