Por Fernando Hernández Gómez
fdohernandezg@hotmail.com
(Especial para diario Rumbo Nuevo)
Villahermosa
es hoy una ciudad protegida contra las crecientes de los ríos que la cruzan. Al
menos, eso es lo que nos han hecho creer las autoridades. Ya no vivimos en la
intranquilidad por la posibilidad que los ríos Grijalva, Carrizal y Viejo
Mezcalapa se salgan de su cauce, como ocurría los años siguientes a 2007.
Hay
barreras protectoras, cauces de alivio y una estructura de control para impedir
que los escurrimientos fluviales que vienen de Chiapas hagan daño a la capital
tabasqueña. Y por si algo fallara o sucediera un imprevisto, quedan las
‘costaleras’ como último recurso.
Sin
embargo, Villahermosa no está exenta del riesgo de anegaciones que pudieran ser
provocadas por precipitaciones pluviales excesivas, pues su sistema de drenaje
y de bombeo para el desalojo de agua es insuficiente, obsoleto y está en mal
estado.
El 4 de junio de este año, el alcalde
capitalino Humberto de los Santos
Bertruy señalaba que para resolver en definitiva los problemas de
encharcamientos o inundaciones en la ciudad a causa de lluvias muy fuertes, se
requiere construir de nuevo 90 por ciento de la red de drenaje de aguas negras
y completar el drenaje de agua pluvial.
Planteaba
que para resolver esa problemática, junto con la del desabasto de agua potable
en algunas zonas del municipio de Centro, era necesario invertir tres mil 535
millones de pesos los siguientes seis años, para la construcción de tres
potabilizadoras y rehabilitación de las que ya operan, y la instalación de 14 nuevos
cárcamos y reparación de los ya existentes.
Sin duda, un mundo de dinero que el
ayuntamiento no tiene. Y menos, si se toma en cuenta que los siguientes ocho
años ésta y las dos administraciones municipales que le suceden, tendrán que
pagar la deuda de 609 millones que heredó el anterior gobierno capitalino, que
encabezó Jesús Alí de la Torre, y
que salvo el puente faraónico erigido sobre Paseo
Tabasco, nadie sabe en qué se gastaron.
El problema no es sólo la falta de
recursos económicos, sino también la infraestructura existente, pues la última
administración municipal priista dejó en calidad de inoperante la cuarta parte
del sistema de desalojo de aguas de la ciudad, a causa de que no se invirtieron
recursos en su mantenimiento y reparación.
En el reporte de la entrega-recepción
que se dio a conocer apenas el 12 de septiembre, se precisó que de los 203
equipos existentes en los 60 cárcamos, 57 estaban inoperantes. Y se dieron
detalles: 29 de las 132 bombas verticales se encontraron fuera de servicio, 19
de las 44 bombas sumergibles no operaban, y lo mismo sucedió con nueve de las
27 máquinas de combustión interna.
La ciudad quedó a expensas de cualquier
lluvia intensa. Y lo vimos con las primeras lluvias del año que causaron
estragos en algunas colonias.
Más allá de la magnitud de los problemas
encontrados y los retos que afrontar, el primer gobierno municipal surgido de
la alternancia en esta capital se dio a la tarea de conseguir recursos para
comenzar, primero, a arreglar los equipos descompuestos y a desazolvar una red
de drenaje a punto de colapsarse, según el diagnóstico del Sistema de Agua y
Saneamiento (SAS).
Y se iba a hacer, sin importar que
fuese una inversión que nadie vería, pues todo lo que tiene que ver con el
drenaje está bajo tierra. “Nosotros no estamos de acuerdo con la idea de algunos
políticos de que no se debe ‘enterrar el dinero’, que no se debe meter a los
drenajes porque la gente ‘no ve’ la obra y no lo agradece; al contrario,
consideramos que no se trata de esperar un agradecimiento, sino de que
cumplamos nuestra responsabilidad”, expresó a mediados de año el alcalde De los
Santos.
Y se puso ‘manos a la obra’. Hacia el
cierre del primer semestre de 2013 ya había conseguido 180 millones de pesos
con la Comisión Nacional del Agua (Conagua) para hacer trabajos de rehabilitación
en 11 cárcamos y tres plantas de agua potable.
El 4 de julio, el presidente municipal
ya estaba dando el ‘banderazo’ a los equipos ‘Vactor’ para el desazolve intenso
de 20 kilómetros de la red de drenaje de la zona de Tamulté. Era apenas el
comienzo. Con equipos de SAS, la Comisión Estatal de Agua y Saneamiento (CEAS)
y Conagua se iba a trabajar en 73 kilómetros, con una inversión estimada en 20
millones de pesos, y es que había que atender, al menos, 14 puntos críticos de
la zona urbana y suburbana de Centro.
En 45 días de trabajo se logró
desalojar 347 metros cúbicos de basura y sólidos de 76.4 kilómetros de
drenajes, limpiar mil 143 pozos de visita, 772 rejillas pluviales y 333
descargas domiciliarias de 18 colonias. Algo que tal vez nadie vio.
Ahora
se está dando el siguiente paso. Se ha entrado de lleno al mantenimiento de
cárcamos. Y con los 170 millones de pesos obtenidos de la Federación, ya se
licitó la adquisición de equipos para cinco cárcamos y están en proceso de compra
seis equipos más, así como siete plantas eléctricas, para garantizar el
funcionamiento de estas estaciones de bombeo para el desalojo de las aguas
pluviales.
Se
avanza en la protección de la ciudad, para evitar que pueda inundarse por
lluvias, por el agua atrapada que no se desaloje a tiempo. Y la ciudadanía
también debe poner su parte, evitando tirar sus desperdicios en la vía pública.
DE MI BLOG:
No hay comentarios:
Publicar un comentario